Hijo de un profesor francés afincado en Varsovia y de una polaca, creció en un entorno en que el gusto por la cultura en general y la música en particular era considerable.
Su hermana Ludwica fue su primera maestra de piano pero, al ver la maravillosa habilidad del pequeño, sus padres decidieron ponerlo en manos del maestro Wojciech Zywny.
Tocó por primera vez en público a los ocho años, cuando ya lo hacía con maestría, improvisaba y componía con soltura.
En 1822 comenzó a tomar clases con Jószef Ksawery Elsner, director de la Escuela Superior de Música de Varsovia, estudio que intercaló con los de literatura clásica, canto y dibujo en el Liceo de Varsovia, donde su padre trabajaba.
Nueve años después, se instaló en París a causa del fracaso de la revolución polaca, donde se introdujo en el círculo de los principales músicos y literatos, lo que le dio acceso a los salones aristocráticos.
Allí conoció a algunos de los mejores compositores de su tiempo, como Berlioz, Rossini, Cherubini y Bellini, y también, en 1836, a la que había de ser uno de los grandes amores de su vida, la escritora George Sand, de quien se separó en 1847.
Con ella pasó en Mallorca el invierno de 1838 para curarse de su tuberculosis, enfermedad por la que el inolvidable compositor murió.