Edición Digital del 28/4/2008

Actualidad

los grandes chefs internacionales seducidos por la física de las hornallas

La cocina molecular, arte y ciencia al gusto

Los secretos de la cocina, un reto para los especialistas.

¿A qué temperatura cuece un huevo? ¿Para qué sirve el nitrógeno líquido en la cocina? Desde hace 20 años, los científicos estudian cuestiones como éstas, mientras que los cocineros, en busca de nuevos horizontes culinarios, invitan a la ciencia a sus fogones y crean la cocina molecular.

Con sus "frituras polares" en nitrógeno líquido, sus alimentos desestructurados, sus espumas y sus gelatinas, sus técnicas inéditas de "esferificación", que permite fabricar bolitas cuyo sabor estalla en la boca, la cocina molecular innova, a menudo de forma espectacular, y divide a los gastrónomos.

El término "gastronomía molecular y física" fue creado en 1988 por el físico inglés Nicholas Kurti y el químico francés Hervé This. Ambos estudiaban desde hacía años los fenómenos que se producen en las transformaciones culinarias. El vigésimo aniversario de esta especialidad fue tema de un seminario en París.

Hervé This dedicó una tesis y varios libros a la "gastronomía molecular". La idea sedujo a varios chefs, que se lanzaron a la búsqueda de nuevos sabores, texturas y formas, incorporando a sus cocinas tecnologías y productos que hasta entonces formaban parte del universo de los laboratorios científicos, como el alginato de sodio, el cloruro de calcio o el nitrógeno a 196 grados bajo cero, que permite fabricar helados instantáneos.

El español Ferrán Adrià es el más célebre representante de esta tendencia culinaria, aunque él rehúsa la denominación "cocina molecular", prefiriendo la de "vanguardia creativa".

En su restaurante El Bulli de Rosas (España), Adrià propone una cocina cuyos pilares son "el gusto, los contrastes de temperaturas y de texturas" y, sobre todo, "el placer de los seis sentidos, el sexto es la emoción, la sensibilidad".

El francés Pierre Gagnaire, que pone en su cocina todos los meses una invención de Hervé This, insiste también en la primacía del gusto y de la emoción. "No se trata de poner la química por encima del arte, sino de dar al arte culinario medios para expresarse", afirma Gagnaire.

La cocina molecular "no es en absoluto" las probetas ni las jeringas, recalca el chef Thierry Marx. "Lo que me interesa es la manera como se logra llevar más lejos un producto, cambiando un poco los límites de nuestro conocimiento", explica el cocinero.

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