Su padre se casó con su madre, quien además era su criada, sólo cuatro días antes de que Mary naciera.
Como nadie se preocupaba de su desarrollo intelectual, la pequeña se encerraba en la biblioteca de su padre, donde –tras leer obras científicas, geográficas e históricas– le despertó el deseo de conocer el mundo.
Pese a que pocas mujeres participaron en las primeras exploraciones, esta naturalista inglesa entre 1893 y 1894 viajó por África occidental, recogió ejemplares de peces y escarabajos para el Museo Británico y estudió las religiones africanas.
En 1900 regresó a África para cuidar a los soldados en la guerra Anglo-Boer y allí murió a causa de fiebres tifoideas.