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el tibet, una visita a una cultura distinta
Los argentinos visitan el Techo del Mundo
La región del Tibet, ocupada por China desde 1950, no es un destino turístico frecuente en los programas de los operadores de la Argentina, quienes sin embargo coinciden en que cada vez hay más viajeros que llegan a Lhasa, su capital, como opcional desde Nepal y la India.
Con un invierno seco y riguroso, y habituales 20 grados bajo cero, el clima no ayudó al turismo, la industria que está descubriendo ese "techo del mundo", a 3.800 metros de altura. Turísticamente el Tibet remite a lejanía y aislamiento, mientras que Lasha, centro de una cultura que se desarrolló durante siglos sin contacto con el mundo exterior, protegida por la poderosa muralla de 4 mil metros de largo de los montes Himalaya.
Hasta la mitad del siglo pasado los habitantes de Lhasa –"tierra de los espíritus"–, vivían como en la Edad Media, y actualmente, a pesar de la ocupación china, hay lugares donde la historia del budismo se puede recrear en escenarios naturales. Así ocurre en el Palacio Potala, un castillo blanco de trece pisos y techo dorado, donde diez Dalai Lamas vivieron desde el año 631, una fortaleza que concentra las ceremonias y rituales de los monjes tibetanos.
En el Salón Oficial de Recepción hay grabados y "thangkas" –pergaminos pintados con motivos religiosos–, y el trono del 14 Dalai Lama, ante el que los peregrinos se inclinan y repiten "kundun, kundun", invocando "la presencia" del dueño del trono.
En Lhasa está el templo sagrado de Jokhans, y en él un Buda traído desde la India en el siglo VI.
Otro atractivo es el mercado callejero de Barkhor, un laberinto de puestos entoldados en los que es fácil perderse. Allí se mezcla el olor de la carne fresca con el de la cerveza que se destila de granos y el de las empanadas de verdura y carne de búfalo.
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