El primer ministro británico, Gordon Brown, confrontado con los atentados fallidos de Londres y Glasgow a su primera gran crisis desde que asumió el cargo, reaccionó con calma, autoridad y sobriedad, según destacaron ayer la prensa y voces independientes. Y esas virtudes podrían marcar su relación con el pueblo.
Dos días después de su nombramiento el miércoles pasado, dos coches bomba fueron descubiertos el viernes en Londres. El sábado, un jeep fue lanzado contra uno de los accesos del aeropuerto de Glasgow. El premier intervino en un principio para denunciar la amenaza terrorista "constante y grave" a la que se enfrenta Gran Bretaña. Luego, calificó de "atentado" la operación en el aeropuerto escocés. Y el domingo, afirmó que su país "no cedería" y no se dejaría "intimidar" por el terrorismo.
En ambas oportunidades, Brown adoptó un tono calmo, mesurado y firme, lo que fue destacado por varios diarios. Famoso por ser austero y no muy dado a expresar sus emociones, transformó estos supuestos defectos en atributos, mostrándose tranquilizador durante la crisis. "Hasta ahora, sus apariciones fueron impresionantes y reforzaron su imagen de dirigente fuerte", resaltó ayer el prestigioso diario The Times.
Y en el Guardian, Shami Chakrabarti, directora de la asociación de defensa de las libertades civiles Liberty, felicitó a Brown "por no jugar con la amenaza terrorista". En 2005, tras las dobles atentados de Londres, Blair había anunciado que "las reglas de juego (habían) cambiado", para justificar nuevas leyes antiterroristas más duras".