Dueña de una gran personalidad, esta mujer ha sabido superar airosa las numerosas vicisitudes que se le presentaron en su vida: fue declarada bastarda, luego de la decapitación de su madre, Ana Bolena, y encerrada dos veces en la Torre de Londres. La primera, acusada por andar en amoríos con el nuevo esposo de su madrastra –viuda de Enrique VIII– y, la segunda, acusada por su medio hermana de aliarse con los anticatólicos.
Ya libre y coronada reina, después de la muerte de sus débiles hermanos, fue una hábil gobernante que cimentó la economía inglesa y rechazó los ataques de los católicos mandando a decapitar a María Estuardo y combatiendo la Armada Invencible enviada por Felipe II de España.