entrevista a un escritor fundamental, voz potente en la poesía argentina contemporánea
En tanto prepara la edición de un nuevo libro, "Tabla del náufrago", y una antología de sus ensayos, nos habló de su vida, su obra, y de la tierra que ama.
 |
| El poeta, mapa en mano, habla de despojos y de resistencias en la provincia de sus amores. |
Se llama a sí mismo "un nombrador", y al sur crece su nombre. En La Pampa, el poeta recibió a Edición Nacional para hablar de su extensa obra y del largo sortilegio que lo une hace más de cincuenta años con su provincia de adopción.
Para llegar a su casa hay que alejarse un poco del centro de Santa Rosa, extensa y abierta a los cuatro rumbos del viento, pandita, igual que el agua del río... En esa casa pequeña y cálida, tan poblada de recuerdos como repleta de proyectos, nos aguardaba junto a su esposa e inseparable compañera, Margarita Monges, también poeta y narradora.
Edgar Morisoli nació en Acebal, Santa Fe, pero está radicado en La Pampa desde 1956. La elección de "radicado" no es casual: la raíz de su poesía se hinca profundamente en esa tierra austera para desplegar desde allí la metáfora del hombre. Porque "el Sur", para utilizar el término abarcativo que emplea la profesora Ana Silvia Galán –estudiosa de su obra–, es un universo, "y por eso es El Universo", subraya el poeta.
Después de un breve período de actividad profesional (es agrimensor) en el litoral bonaerense –reflejado justamente en Tiempo Litoral, aún inédito– fue contratado por el gobierno de La Pampa para realizar estudios para el aprovechamiento integral del río Colorado. Así recaló en el departamento de Caleu Caleu.
"La zona me hechizó de entrada. No encuentro otra palabra que hechizo, sortilegio, un largo sortilegio", recuerda. Hasta allí se trasladó con su mujer y sus pequeños hijos.
La Adela, Colonia 25 de Mayo, el sur y el oeste pampeano, paisaje desértico y árido, son "la realidad, el marco de lo que yo trato de expresar con mi poesía" porque "los elementos del entorno tienen una presencia notoria en mi obra". Dilatada obra que el autor divide en dos etapas.
La primera abarca del '59 al '74 e incluye cuatro libros: Salmo Bagual, Solar del Viento, Tierra que sé y Al Sur Crece tu Nombre, todos publicados por Ed. Stilcograf, de Buenos Aires. En realidad, comenzó dos años antes, en el '57: Salmo Bagual tuvo una primera edición, más breve, a cargo de la Dirección de Cultura de La Pampa, "cuando estaba al frente un importantísimo escritor pampeano, Juan Ricardo Nervi".
Luego siguió un largo período de silencio editorial, del '74 al '94. "Vino la dictadura, y se nos complicaron las cosas a todos. No era el primer golpe, pero sí el más fuerte. Fueron 20 años de silencio" porque "los procesos espirituales no tienen un ritmo ni una respuesta automática, no cesan así nomás". Pero la obra continuó, soterrada como el 'alpataco', un algarrobo "que crece en las planicies del oeste, bajo vientos tan fuertes, intensos y persistentes que el tronco es subterráneo, para defenderse". El fruto salió a la luz en 1994 en Obra Callada, seis libros reunidos en un volumen bajo el sello de Ediciones Pitanguá, de Santa Rosa.
Desde entonces, el torrente no cesa, abarca seis obras más: Cancionero del Alto Colorado, Bordona del Otoño /Palabra de Intemperie, Hasta aquí la canción, Cuadernos del Rumbeador, La lección de la diuca, Última rosa, última trinchera y Un largo sortilegio, a los que pronto habrá que sumar Tabla del Náufrago.
En la poesía de Morisoli, se ha dicho alguna vez, se conjugan "vocación y destino". El quehacer poético, conviene recordar, se desarrolló simultáneamente a la labor del agrimensor, que mide, conoce, palpa la tierra con una mirada penetrante que no es la del hombre común. "Si yo fuera turista o transeúnte, /no vería otra cosa/ que una prolija estiba de ataditos de leña (...) pero resulta /que no soy transeúnte ni turista", refiere en "Ataditos". La conjunción se resuelve en una deslumbrante riqueza expresiva, un nombrar que es rescate de cosas que "se nos van como un agua delgada entre los dedos" ("Salmo Bagual") y aprovecha el detalle mínimo de un paisaje despojado para elevarlo a una instancia superior: "¿Cómo alcanzarte con palabras, cómo alcanzarte sino con palabras?" ("Rama de sauce contra el cielo del alba").
El nombrador no sólo rescata un paisaje, también construye una épica de los héroes anónimos que pueblan La Pampa, "una tierra muy castigada", escenario de "despojos, genocidios y grandes éxodos, pero también de resistencias populares". Entre las injusticias que lamenta, una deja una marca fuerte en su poesía: es el despojo de los ríos Atuel y Chadileuvú a manos de Mendoza por la construcción de la represa El Nihuil, con su estela de miseria y despoblamiento del oeste pampeano.
Su actitud comprometida socialmente está presente desde los comienzos de su obra, pero en los poemas más recientes, donde hay un trabajo de síntesis mayor, profundiza a partir de pequeños hechos, metáfora de la devastación del neoliberalismo. Aunque ya en 1974, el gran Luis Franco, en Reflexiones acerca de la poesía actual (lamentablemente inédito) decía: "Lo que más debe calificar al poeta de hoy es tener imaginación para la verdad mayor del día: para concebir la revolución, menos como un somero episodio político que como un ecuménico acontecimiento cultural y espiritual (...) Edgar Morisoli, uno de los poetas mayores de la actualidad, construye, desde la región más postergada de La Pampa, una sólida y bella poesía esclarecedora, hecha menos para el deleite musical que para meterla en nuestro respiro y nuestro pulso".
Otro rasgo destacable es el entrecruzamiento de la palabra con otras artes, como la música (ver Las canciones) y la plástica. Las obras de la segunda etapa, de excelente presentación, van generalmente acompañadas por ilustraciones de pintores y fotógrafos pampeanos que Morisoli ha invitado a participar.
Párrafo aparte merece su colaboración en revistas culturales y encuentros literarios, que en el último tiempo han constituido un fenómeno nuevo, de circulación de cultura interior-interior, "que no pasa por Buenos Aires y por lo tanto Buenos Aires ignora. Yo admiro a tantos grandes poetas porteños, la vida cultural porteña es tan rica... pero también lo es la del interior. Algún día tendremos que encontrar la forma de ir cerrando esa brecha". Entre las revistas destaca Silabario, de Córdoba, y El Camarote, de Viedma.
Hasta aquí un aporte a la difusión de un poeta esencial. Quedó tanto material que excede el espacio de la página y merecerá otra entrega. Porque ya se hace imprescindible, en palabras del propio Edgar, "ir cerrando la brecha".
Las canciones
La cadencia de sus versos, con una métrica que favorece la musicalización, atrajo a prestigiosos músicos, pampeanos y de otras provincias.
El primero fue Guillermo Mareque, quien le puso ritmo de zamba a "Simón Peletay, baquiano", que alude al río Chadileuvú. Siguieron otros músicos de renombre, como Naldo Labrín –fundador del grupo Huerque Mapu y actual secretario de Cultura de Neuquén–, Cacho Arenas, Beto Leguizamón, Raúl Santajuliana.
Lalo Molina también musicalizó varios poemas, como "El Bautista de la Rinconada", además de ser el autor de la música para la cantata "Epopeya del Riego". Aunque en una oportunidad el proceso fue a la inversa: Molina le acercó la huella "Alabanza del Agua" a la que Morisoli puso letra.
A Delfor Sombra se debe asimismo la musicalización de distintas obras, "Ofelia del Oeste", por ejemplo, o la vidalita "El Sur es negro y rojo".
Actualmente Morisoli trabaja en el texto de una cantata que llevará música del maestro Mario Figueroa.
"La belleza será para todos"
La belleza será para todos. Si así no ocurriera,
la culpa y la pena destemplen las cuerdas de cada guitarra,
enluten paletas y quiebren pinceles, buriles o gubias,
y entierren en cieno de olvido la pluma o el lápiz que escriben el verso.
La belleza será para todos pues nace de todos los sueños del hombre,
y hasta el más desvalido merece su trozo de pan de hermosura en la Tierra,
porque guarda en su alma el inmenso poder de anhelar libertad y justicia,
y alzarse en la cresta de su rebeldía desafiando la sombra y el miedo.
Cruje el mundo, sus máscaras. La vida custodia la vida bajo la tormenta,
y en el haz del erial perpetúa su verde porfía de erguirse en el viento,
que varón y mujer consagraron simiente del tiempo y el árbol futuro,
del árbol urgente y plural cuyos frutos serán para todos.
De la angustia y la herida y el grito también nacerá la belleza,
del secreto crisol que fusiona nostalgias y anhelos,
de la íntima lid en que cada corazón vencerá su zozobra
y cada garganta hallará su registro: su timbre y su tono y el propio fraseo.
La belleza será para todos y no para el goce mezquino de un príncipe
de ayer o de hoy. Y el cantar cuando ofrezca al silencio su espiga sonora,
brindará para todos el hondo bordón o la endecha de ausencia,
la austral melodía hilada en el huso sutil de los álamos,
y el invicto misterio de cómo retoña una vez y otra vez la esperanza.
La belleza será para todos.
(Coda de Última rosa, última trinchera, 2005)