Bella, ambiciosa e inteligente, la reina de Egipto heredó el trono de su padre en el año 51 aC a los dieciocho años de edad, junto a su hermano y esposo, Ptolomeo XIII.
Luego de tres años de estar en el poder, instaurar nuevas leyes y modificar otras de carácter religioso en favor de los egipcios, fue obligada a exiliarse con la excusa del hambre, las malas cosechas y su actitud conciliadora con Roma.
Para volver al trono, conquistó al general romano Julio César. Luego de su asesinato, hizo lo mismo con Marco Antonio, quien fue derrotado en la batalla de Actium. Su tercera conquista fue imposible: Octavio Augusto no cayó bajo el encanto de su belleza y pretendió llevarla a Roma como botín de guerra. No dejándose humillar, decidió suicidarse.