Espectáculos
la excelente pianista y cantante se presentó en el teatro gran rex
Diana Krall ofreció una sensual noche de jazz en la Argentina
Acompañada de músicos de lujo, la excusa para esta visita tras dos años de ausencia fue la presentación de su nuevo trabajo, una placa que reúne los clásicos de su carrera.
 | | La mujer de registro grave y algo áspera, desplegó toda su magia en la noche del martes. |
La pianista y cantante canadiense Diana Krall, quien regresó después de dos año a la Argentina, se llevó la noche del martes la ovación del público en el teatro Gran Rex , donde se impuso desde una sensual naturalidad y custodiada por tres excelentes músicos.
De espalda a su banda y de perfil al público, la compositora, una de las voces femeninas más conocidas de la escena internacional del jazz, hizo un repaso de su trayectoria que plasmó en su último disco, The very best of Diana Krall.
"Pasaron muchas cosas desde que la última vez que vine acá, tuve dos hijos, mellizos", dijo la artista de 44 años, en uno de los tantos comentarios que hizo entre tema y tema, siempre en inglés y tímidamente.
No evitó nombrar a su marido, el reputado músico Elvis Costello, y hablar en tono irónico sobre su "vida balanceada", que reparte entre la música y la familia.
En un contexto musical de alto ensamble, sorprendieron con su profesionalidad y su vuelo Dan Faehnle en guitarra, Ben Wolfe en contrabajo y Rodney Green en batería.
Su voz de registro grave, algo áspera y envolvente se integró –siempre respetando las melodías originales– como un instrumento más a un universo donde la improvisación y la agilidad rítmica son claves de un repertorio.
En ese recorrido hubo estándares, como la bella versión de un archiconocido "I've got you under my skin", baladas íntimas y composiciones propias.
Krall, confesa admiradora de Cassandra Wilson y quien lleva 14 discos a cuestas, volvió a demostrar las claves que la colocan como una estrella referencial de la escena musical.
El secreto de su trascendencia reside tal vez en la inteligencia para seleccionar el repertorio, en su naturalidad y libertad para manejarse en un territorio formal y en su actitud casi despojada para abordar la música.
El contraste de su innata elegancia y belleza con su perfil bajo y esa extraña mezcla de femeneidad y masculinidad que desborda en el escenario, se conjugaron para llevarse el apabullante aplauso de los porteños.
Dueña de una buena técnica y una gran solvencia estilística, Krall dijo sentirse feliz de volver al país "con estos músicos terribles", un adjetivo adecuado para describir a sus compañeros que no sólo se lucieron en solos eternos, sino que también supieron expresarse en los silencios y en el trabajo armónico.
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