Edición Digital del 10/8/2006

Actualidad

un acto en la ex biblioteca nacional rememoró distintos perfiles del escritor

Semana de homenajes a Borges

Con motivo del vigésimo aniversario del fallecimiento de Jorge Luis Borges se dio inicio a una serie de actividades organizadas por la Secretaría de Cultura de la Nación.

María Kodama, la esposa del genial escritor argentino, junto a Horacio González y José Nun.

Un emotivo homenaje al escritor Jorge Luis Borges en el que participaron su viuda, María Kodama, y el secretario de Cultura de la Nación, José Nun, marcaron el inicio de la semana de actividades en conmemoración a veinte años de su muerte, en un acto realizado la noche del martes en la ex sede de la Biblioteca Nacional, donde el escritor se desempeñó como director.
La velada arrancó con una instalación lumínico-sonora seguida de un video dedicado a la vida y obra del autor de El Aleph, en el que se sucedieron imágenes de su vida, portadas de sus libros, tapas de las obras que prefería leer y hasta fotos con amigos y escritores.
A la imagen se le intercalaban frases textuales del escritor, como por ejemplo: "uno no es lo que es por lo que escribe sino por lo que ha leído".

El director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, fue el encargado de abrir el acto y resaltó la importancia de que este homenaje se realizara en este "lugar inspirador" donde "muchos vinimos a estudiar, a consultar libros, y nos hemos cruzado incluso con el propio Borges subiendo por las escaleras".
La imponente sala Williams –del edifcio que data de 1901– fue escenario del encuentro que atrajo un numeroso público.
Allí María Kodama hizo una relación al autor de Ficciones con la ciudad de Buenos Aires, y recordar algunas de sus frases más famosas, como "no nos une el amor sino el espanto" o "a mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo eterna como el agua y el aire".
El secretario de Cultura, José Nun, en su discurso rememoró las muchas veces que en su adolescencia siguiera "fascinado a Borges a donde fuera que hablara".
El funcionario nacional mencionó "El libro de arena", que posee un número de páginas infinito y ninguna es la primera y ninguna es la última, y la manera que a Borges se le ocurrió para hacerlo desaparecer.
"Vuelve aquí –señala Nun– a este edifico, a la Biblioteca Nacional de la que se había jubilado, y esconde el libro en uno de los húmedos anaqueles. Y concluye: 'Siento un poco de alivio, así que no quiero ni pasar por la calle México".

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