Figura clave ante Alemania y en el Mundial. El penal fallado no opacará su gran actuación.
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No encontró respuestas en ninguna parte del césped del estadio de Berlín. Se quedó mirando un rato al piso y evitó volver los ojos sobre el arco en que, pensó, estuvo cerca de tener la revancha tan esperada de su carrera. El gol, a los tres minutos del segundo tiempo, después de un anticipo de cabeza que llevó su sello, pareció enterrar esos malos momentos que vivió en la Selección: esa imagen cercana de David Bergkamp y su camiseta naranja, deteniendo en su pie derecho un largo pelotazo que lo superó claramente y luego marcando el tanto que eliminaría al equipo en Francia '98; y el desgarro que le impidió jugar siquiera un instante, cuatro años después, en Japón y Corea justo antes del debut frente a Nigeria.
Ayer parecía que esas dos grandes tristezas serían reemplazadas por la alegría del gol del triunfo y el pasaje a semifinales frente a Alemania. Pero, primero, la lesión de Roberto Abbondanzieri y, luego, el empate inesperado de Klose oscurecieron su cielo. Después fue el turno de la definición por penales, y la atajada de Jens Lehmann arrojándose hacia la izquierda para detener su remate. "No nos acompañó la suerte. Malogré un penal, hice un gran esfuerzo como todos los jugadores del equipo y nos tenemos que ir del Mundial", lamentó
La desazón ganó su rostro de experiencia. A los 33 años sabe que la tarde de Berlín marcó su despedida mundialista con el seleccionado argentino. En la última etapa fue la voz de la experiencia de un equipo joven. Supo ordenar a sus compañeros, hablar con Lionel Messi para controlar su ansiedad de ser titular, tomar mate con Gabriel Batistuta y cenar junto a Diego Maradona, a quien no pudo cumplirle su pedido de vencer a Alemania, el rival que provocó su gran tristeza en Italia, hace 16 años.
"Ninguno se puede reprochar nada porque hicimos todo para llegar a lo más alto. Podemos mirar a todos en la cara sin tener vergüenza; faltó un poco de suerte, nada más". Jugó 105 partidos con la camiseta argentina, quedó a uno de alcanzar a Diego Simeone y compartir el sitio de mayores presencias. Lo habría superado si el equipo llegaba a la final. Siempre lo dijo: "Cambio todos los partidos por un título". Su deseo, y el de todos, no pudo ser.